Estaba viendo ayer la ceremonia de premiación del torneo de Wimbledon (¡felicidades Rafa, eres el más grande) cuando no pude creer lo que estaba viendo: la bandera británica utilizada como mantel en una ceremonia bastante sosa y tal vez excesivamente sencilla en la que lo más destacado fue el tradicional mordisco de Nadal a la copa recién ganada.
La bandera, sea del país que sea, es un símbolo suficientemente importante como para usarla en según qué situaciones: como cortina para una inauguración, como ropa interior o como mantel de una mesita que se va a utilizar como centro de una ceremonia de entrega de trofeos en uno de los torneos de tenis de mayor prestigio del mundo.
Un poco de imaginación no hubiese sobrado. Tan poco interesante fue el acto que la principal protagonista para el realizador de televisión fue la novia de Rafael Nadal. Y lo menos interesante, las entrevistas en directo. ¿Que van a contestar a las preguntas? Pues es evidente que los típicos tópicos: ambos, que su rival ha hecho un gran partido.
En fin, que no está de más si los organizadores dan una vuelta a esta ceremonia carente de interés.
Que Nadal gane un trofeo de tenis no es noticia. Tampoco su caballerosidad… y la de Federer. Ambos nos dieron ayer ante las cámaras una lección de juego limpio, de lucha hasta el final por conquistar un premio y de deportividad al recibir el trofeo, y al no recibirlo.
La ceremonia de entrega del trofeo comenzó como siempre pero, cuando Federer iba a tomar la palabra, se quedó en blanco y las lágrimas de decepción afloraron en su rostro; pues bien, Nadal no se sintió campeón, ni vencedor ni nada de nada. Nadal sintió la amargura de su amigo en sus propias carnes.
Así, cuando recogió el trofeo, no dudó en abrazar a su amigo y al alzar el trofeo, lo hizo con gran humildad por respeto a Federer. Y sus palabras fueron de lujo para los oídos de los que presenciamos la ceremonia: "Lo siento por Roger, es duro vivir este momento. Pero eres un gran campeón y sé que estas entre los mejores de la historia. Sólo puedes seguir mejorando."
Ni mil palabra más: una lección de saber ganar; y Federer de saber perder. Una lección que deberían aprender muchos.
¡Enhorabuena a los dos!

