NNUUEl Magreb se agita y cambia a sus tiranos que, a pesar de resistir a toda costa, acaban vencidos por el peso de los ciudadanos y caen de forma inexorable. Mientras, la vecina del norte, la vieja Europa, más vieja que nunca camino de convertirse en el museo del mundo: la gloria que fue.

No sé qué ocurre que ni las civilizaciones se alían ni la Unión Europea pone en marcha a su recién creada diplomacia para, al menos, opinar sobre la situación al otro lado del Mediterráneo.

Lo cierto es que la situación es muy complicada, pero para esos están los servicios diplomáticos, para ofrecer visiones ajustadas y meditadas, y medidas aún más.

Obama dice que el dictador de Libia debe irse. Naciones Unidas advierte a Gadafi y a los altos dirigentes del régimen que serán juzgados –¿Por lo que han hecho ahora o por sus presuntos crímenes anteriores?–; pero esta organización tiene algunas carencias que sería bueno resolver para que los que tenemos algunas reservas sobre su función volvamos a creer en ella. Para empezar, sería bueno que la propia organización vetara el derecho al veto de determinadas naciones en el Consejo de Seguridad; mientras no lo haga, tendrá las manos atadas y arrastrará un lastre en sus resoluciones.

Así las cosas, bien parece que “la comunidad internacional” tiene algo de herrumbre en sus mecanismos de reacción ante este tipo de dolorosos e injustificables acontecimientos como los que hoy, de incierto futuro, sacuden a determinados países árabes; precisamente esos países árabes que mejor se llevan con Occidente.

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image¿Se puede implantar una democracia al estilo occidental en países no occidentales? Esa es una de las preguntas que me hago desde hace bastante tiempo y para la que intuyo la respuesta monosilábica del “no”, aunque no tenga nada más que esa negativa, sin un razonamiento amplio sobre cuál sería la solución para casos como Irak, Afganistán, y ahora Túnez, Egipto o Libia, y muchos otros que no menciono para no ocupar demasiado espacio. Me consuela saber que tampoco tienen respuesta los grandes analistas, ni las organizaciones supranacionales; y si el lector no me cree, que me diga qué hace NN.UU. al respecto, más allá de dictar resoluciones sesgadas por la capacidad de veto de algunos países en el Consejo de Seguridad.

Como decía, intuyo un “no” como contestación a mi pregunta, y lo corroboro con la lectura de un interesantísimo artículo de Andrew Solomon de ayer en El País bajo el título Los errores de Gadafi en el que opina que los libios han vivido muchos años al margen del dictador, siguiendo su sistema, no sé si democrático o no –esto es de mi cosecha-, de regímenes tribales; dice Solomon que “en muchos casos, era (por Gadafi) irrelevante para su vida cotidiana, que se desarrollaba con una lógica tribal muy anterior a que el régimen se hiciera con el poder”.

Es decir, los libios se sienten, o cabe decir que hasta hace poco se sentían a gusto con su propio sistema, al margen de los gadafis de turno; poco les importaba si su sistema era democrático, por que a lo que parece, esa denominación es más nuestra, más Occidental, que suya.

Gadafi acabará derrotado, eso parece inexorable y evidente. Quién sabe si hasta acabará juzgado; la Historia y la Humanidad merecen que tipos como él acaben ante los tribunales de justicia internacionales. Este extravagante dictador, como los que lo han precedido en la caída en las revueltas populares de este 2011, acabará en la cuneta de la Historia, lleno de polvo y suciedad, la misma que él ha arrojado y arroja sobe su país y sus gentes. Y no deseamos que acabe teñido de sangra; bastante se ha derramado ya por su causa. Pero cabe la pregunta de qué pasará después. También me llena de curiosidad saber quién mueve los hilos de los “sublevados”; porque me resulta difícil creer en que todo obedece a la casualidad; también me cuesta creer en el poder de los Facebook, es decir, de las redes sociales, en países con un ínfimo uso de ellas y con regímenes que vigilan casi todo.

En la La tercera de ABC, también de ayer, Serafín Fanjul, catedrático de Estudios Árabes, con el sugerente título de Islam o Facebook expresa de alguna forma su incredulidad ante la posibilidad de que las redes sociales sean causantes de las revueltas: “Cuando oigo mencionar Twitter, Facebook y La Red en general no puedo evitar acordarme de David y Goliat, la simpatía ingenua que siempre despierta el mozalbete de la honda frente al gigantón bien armado”; y añade más adelante “¿Hasta qué punto se quiere el cambio? ¿Cuántos egipcios, libios, saudíes tienen acceso a La Red, eso cuando la censura no lo corta? ¿Cuántos amigos de la tecla no son también islamistas? ¿Cuáles son los objetivos comunes de todos ellos?”. Me alegro de haberla leído después de escribir estas notas, porque eso quiere decir que coincido plenamente con un catedrático en la materia.

“¿Y después qué?”; esta es la insistente pregunta que me hago. ¿Vendrá otro “mal menor”? Y es que las democracias, estas sí, occidentales, tienden a estar calladas ante los “males menores” como los de Túnez, Egipto, Libia, Arabia Saudita y un largo etcétera que sería complicado enumerar por completo, pero de los que pocos continentes se libra,n, o sed libraron en el siglo pasado.

Una vez que las revueltas derrocan a los tiranos, ¿qué viene después? ¿Saldrá a la luz quién o quiénes mueven los hilos? ¿Llevará razón Gadafi cuando dice que detrás está Al Qaeda? ¡Quién sabe! La respuesta a esta pregunta se verá relativamente pronto, cuando se empiecen a celebrar elecciones en países como Túnez o Egipto. La respuesta a la segunda, tal vez esté implícita en la primera.

Será más difícil saber la respuesta a mi cuestión inicial; después de varios años, Irak sigue siendo un caos, Afganistán un terreno rebelde e inconquistable, y países perdidos del África subsahariana, en donde pusimos los pies los “occidentales”, lugares de calor, hambre y muerte.

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Y ahora qué…

El 03/02/2011, en Comentarios, por ARG

egipto_fotosateliteEl fuego de la revuelta, o de la revolución según algunos analistas, impregna el Magreb y empieza a extenderse por Oriente Medio. Ayer Túnez, hoy Egipto… Y las barbas a remojar en Yemen y Siria, y más cerca de casa, en nuestro vecino Marruecos. Curiosamente, las que han caído por ahora, o están a punto de hacerlo, son las pro occidentales o, al menos, las más neutras con Occidente.

En Egipto, los Hermanos Musulmanes, una organización nacida en este país en la segunda década del pasado siglo, es el primer movimiento fundamentalista surgido en la era moderna y ha conseguido expandirse por toda la región. Su fundador fue un profesor que, en 1928, organizó a una serie de simpatizantes en la localidad de Ismailía.

¿Qué propugnan los Hermanos Musulmanes? El regreso un Islam puro que, según ellos, se ha perdido. Se trata de considerar la religión como un todo en la vida de los creyentes, sin dejar que ningún aspecto escape a su influencia, muy en consonancia con otros grupos, como los talibán, aunque no pretendo entrar en paralelismos. Intentan islamizar todos los aspectos de Egipto, según ellos, se había dejado influir por Occidente, tanto por la colonización, como por la llegada al poder de dirigentes con una orientación menos religiosa. Su gran aspiración es la creación de un Estado que se rige por la visión del Islam más puro, según sus creencias. Al ser pan-islamistas, este Estado debería acoger a toda la Umma (la comunidad), que no debe ser dividida por conceptos como “la nación”; y todo ello en manos de un califa.

Mubarak acabará cayendo, a pesar de su intento por sembrar el caos; esa cuestión parece inexorable. Y entonces cabe el peligro de que se repita el caso de las elecciones en Argelia de 1991, en donde los islamistas se impusieron en las urnas en una primera vuelta y ya no hubo segunda, y de aquél caos se han llegado a producir nada menos que 200.000 muertes.

Y cuando Mubarak caiga, ¿qué vendrá? Egipto, uno de los primeros destinos de Obama en el exterior tras su toma de posesión, en donde abogó por un acercamiento de Estados Unidos al mundo islámico, puede quedarse sin su gran aliado en la zona; y con ellos, el mundo occidental en general. Tal vez por ello haga auténticos esfuerzos por ser deliberadamente ambiguo al tratar este problema; y, si no, vean al portavoz de la Casa Blanca hablar sin decir nada, una curiosa habilidad de los políticos.

De quien no se oye nada es del “ministerio de asuntos exteriores” europeo. ¿Habrá una postura común ante el conflicto, que se propaga como la pólvora, más allá de hacernos creer, según algunos políticos, que Marruecos es una democracia? El tiempo corre en contra de Occidente.

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O se pasan o no llegan. Los presidentes de EE UU y Rusia se reunieron a almorzar ayer, jueves 24 de junio, en una hamburguesería de Washington DC, Ray’s Hell Burger, al parecer la favorita de Obama, para seguir sus conversaciones de Estado.

Además, parece que ambos mandatarios dijeron adiós a las viejas tecnologías; ese mítico teléfono rojo quedará sustituido, al menos para lo no confidencial, supongo, por Twitter. El viejo instrumento, mitad realidad mitad ficción, que conectaba directamente a la Casa Blanca y al Kremlin en los sombríos años de la Guerra Fría para contener el estallido de un conflicto, ha dado paso al mucho más festivo y transparente nuevo medio de comunicación descubierto por el presidente ruso en su gira por el Silicon Valley.

Además, parece que Medvédev se interesó por los secretos del iPad, del iPhone 4 y otros instrumentos surgidos de la creatividad de Apple; no me puedo creer que no los conociera en profundidad, el KGB ya no es lo que era…. En el californiano valle de la tecnología se entrevistó con cerebros de la universidad de Stanford, conoció las peculiaridades del modelo empresarial de Google en Cupertino y aprovechó su visita a Twitter para abrir su nueva cuenta @KremlinRussia. Por su parte, el americano, que tiene la suya desde hace tiempo, le invitó a utilizar a partir de ahora este sistema para profundizar su relación. Lo que daría por que m,e dejaran leer los mensajes.

 

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