El presidente de EE UU, Barack Obama, es "más importante" que el de México, Felipe Calderón, según se le escapó este sábado al moderador de una cumbre de empresarios del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en la que ambos participaban, entre las risas de los presentes.
Obama, que llegó la pasada noche a Yokohama (Japón) para participar en la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), entró en la sede de la reunión empresarial cuando Calderón hablaba sobre las expectativas para la cumbre de Cancún, que comenzará el 29 de noviembre, sobre la lucha contra el cambio climático.
El moderador del encuentro quiso hacer que el presidente mexicano abreviara y le alertó de que debía darse prisa porque "hay otros (oradores) más importantes".
Inmediatamente se corrigió a sí mismo para decir que "hay otros importantes" oradores, entre las risas de todos los presentes.
Los dos mandatarios ya coincidieron en Seúl durante la cumbre del G-20 clausurada este viernes y vuelven a verse las caras en la reunión de líderes de la APEC este fin de semana.
Inauguración del APEC
Los líderes del APEC, que integra a 21 economías de la cuenca del Pacífico, iniciaron este sábado en Yokohama (Japón) su cumbre anual con promesas de apertura comercial y el reto de superar las tensiones diplomáticas entre algunos de sus miembros.
Al inicio de la cumbre el primer ministro nipón y anfitrión, Naoto Kan, insistió en que la región, que representa más del 50% del Producto Interior Bruto del planeta, "tiene la gran responsabilidad de liderar el crecimiento mundial".
Por eso, en el centro de los debates de esta cumbre está el ambicioso propósito con el que se fundó el foro APEC en 1989, el de crear un acuerdo de libre comercio que multiplique el potencial de crecimiento de la zona.
El interés de EE UU en Asia-Pacífico lo puso de manifiesto el presidente estadounidense, Barack Obama, al afirmar en la misma reunión empresarial que Washington considera a Asia-Pacífico un mercado vital para aumentar sus exportaciones.
El presidente chino, Hu Jintao, indicó, por su parte, que los mercados emergentes seguirán ofreciendo "enormes oportunidades" para el mundo, aunque subrayó que la región aún necesita mejorar sus infraestructuras y su capacidad de innovación.
Aunque APEC coincide en que el comercio es clave para el crecimiento, las negociaciones para un acuerdo arancelario en toda la región suponen una prueba la unidad del foro, integrado por países muy dispares que van desde EE UU y China hasta Brunei o Papúa Nueva Guinea, junto con los latinoamericanos Chile, México y Perú.
El foro APEC está formado por Australia, Brunei, Canadá, Corea del Sur, Chile, China, EE UU, Filipinas, Hong Kong (China), Indonesia, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Singapur, Tailandia, Taiwán, Perú, Rusia y Vietnam.
Las cumbres G8 y G20 de Toronto han creado una enorme polémica. Esta ciudad, fortificada y con un enorme dispositivo de seguridad, comienza a recibir a los miles de funcionarios internacionales de alto rango que participarán este fin de semana en la cumbre del G20. El Gobierno canadiense, que aboga por la disciplina fiscal, no parece predicar con el ejemplo y ha tirado la casa por la ventana para acoger este evento.
En total, según la prensa, el país norteamericano ha gastado la friolera de 1.000 millones de dólares en las cumbres del G20 y del G8, que se celebrarán mañana y el sábado próximo en Huntsville, en la región de Muskoka, una idílica zona de lagos a 200 kilómetros al norte de Toronto.
La cifra contrasta con los 18 millones de dólares de la cumbre de jefes de Estado del G20 en septiembre en Pittsburgh (EE UU) y los 30 que costó la que celebrada en Londres en abril del año pasado, según un informe de la Universidad de Toronto.
Criticado por la oposición y las páginas editoriales de los principales periódicos del país por sus excesos, Harper defiende el dispendio y sostiene que sería "irresponsable y censurable" que Canadá no hubiese adoptado las caras medidas de seguridad necesarias para proteger a los líderes mundiales.
Las medidas en cuestión incluyen desde una kilométrica valla de seguridad de tres metros de altura, reforzada con gigantescos bloques de cemento, hasta los llamados "cañones sonoros" para dispersar a los manifestantes y los 20.000 policías y guardias de seguridad que patrullarán la ciudad.
Pero lo más indignante para el contribuyente canadiense parece ser los cerca de dos millones de dólares que ha costado el lago artificial y el pabellón turístico que se ha instalado en el centro de prensa desde donde trabajarán los periodistas que cubrirán el evento.
El lago, bordeado con canoas y sillas de reposo, imita a los que han hecho famoso Muskoka, cuyo acceso ha sido restringido a los periodistas que cubrirán la cumbre del G8 y a donde sólo se desplazarán unos 150 de los 3.000 periodistas internacionales llegados a Toronto. Además, una pantalla gigante al fondo del lago proyecta imágenes de Muskoka para inspirar a los reporteros que no han podido desplazarse hasta la zona.
Harper se ha referido al centro que alojará a la prensa como un "pabellón de marketing", una idea que suscribe el ministro de Asuntos Exteriores, Lawrence Cannon. "Para conseguir la publicidad que vamos a lograr (con el lago) no sé cuántos miles de millones de dólares tendríamos que pagar", afirmó el titular de Exteriores a principios de este mes. Las ventajas a corto y largo plazo de auspiciar eventos de este calibre son motivo de acalorado debate estos días en Toronto y el resto del país. Entre los claros beneficiados estará el sector hotelero, que ha colgado hace días el cartel de "repleto". "Este es nuestro paquete de estímulo. Es un enorme impulso económico", dijo el 11 de junio el presidente de la Asociación Hotelera del Gran Toronto, Terry Mundell, al diario The Star.
Pero no todo el mundo aprovechará el filón del G20. Muchos teatros locales, como el Princess of Wales y el Royal Alexandra, y museos como la Galería de Arte de Ontario, han decidido cerrar sus puertas ante la avalancha que se avecina, al igual que lo han hecho docenas de bancos y restaurantes.
Lo irónico del caso es el hecho de que el G20 se reúne para expresar su preocupación por "las dificultades fiscales" de muchos países que están creando "volatilidad en el mercado y que podrían amenazar seriamente la recuperación" según indica el último borrador del comunicado final. El borrador señala que ante los problemas fiscales "todavía se requieren otras acciones para responder las causas subyacentes de la crisis financiera global y promover sectores bancarios más responsables y transparentes". "Mientras la crisis económica global condujo al mayor declive el comercio en más de 70 años, los países del G20 han elegido no repetir los errores del pasado y ceder a la tentación de cerrar nuestras puertas a la economía global", señala el documento. "Renovamos por otros tres años, hasta el final del 2013, nuestro compromiso de no poner nuevas barreras a la inversión o al comercio de bienes y servicios; de no implementar medidas contrarias a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de no imponer nuevas restricciones u otras barreras" al Comercio, añade el G20.
Eso es predicar; lo demás, echar trigo.

