Los servicios de atención al cliente suelen ser de todo menos eso. Hace unos meses se rompió uno de los iPhone que teníamos en casa; hablé con Movistar para cambiarlo y me costaba un dineral, además de los equismil puntos que tenía en ese momento como cliente. Mala suerte; no quería gastarme ese dinero y menos a la espera de la salida de un nuevo modelo.
Como no quería darme por vencido, traté de convencerles de que pasaran la tarifa de navegación de iPhone a BlackBerry para usar una que tenía por casa. No hubo manera. Ni siendo el mismo importe, 15 euros, había forma de que te atendieran, así que estuve varios meses pagando 15 euros de datos sin poder usarlos.
El martes puse en marcha la decisión que ya había tomado de cambiar de compañía, y pedí la portabilidad a Vodafone… y zas, Movistar me persigue para que no deje mis 15 años de antigüedad como cliente. La única vez que cogí el teléfono fue para explicar que me habían malatendido antes y que ahora, ni regalándome el teléfono iba a cambiar. Me insinuaron que el precio sería muy ventajoso; ni así. No he escuchado la oferta. Nos han llamado nueve veces más para tratar de convencernos, pero la decisión está tomada y los nuevos iPhone en nuestra casa a la espera de la portabilidad.
Me recuerda esto una conversación que mantuve con una persona de una empresa de telefonía relacionada con nuestro mundo de eventos, relaciones, protocolo, etc. ¿Por qué las empresas se empeñan en captar nuevos clientes a cambio de desatender a los que ya tienen?
Hay innumerables ofertas por entrar en una compañía, por cambiar a otra…, pero no las hay cuando ya eres cliente, y cliente fiel y antiguo.
Se equivocan las compañías en mi opinión, y lo hacen gravemente. Y al perseguir a los clientes que cambian de empresa de servicios (de SERVICIOS, señores empresarios) fomenta aún más la “infidelidad”: sé que si pido portabilidad me van a llamar para hacerme una oferta, así que corro al primer puesto de venta de la competencia para pedirla y obtengo una llamada de mi proveedor actual al que, de otra forma, es muy difícil acceder.
¡Se acabó la fidelidad! Adiós Movistar… por el momento.
Para gustos, los colores. Hoy los medios casi dan por unanimidad a uno de ellos, pero tal vez eso sea lo de menos tal como van las encuestas. Sí quedó manifiesto que el señor Rubalcaba dio por futuro ganador al señor Rajoy en el debate que más importa: el que se celebrará el 20 de noviembre. No sé si fue un lapsus o una aceptación consciente del futuro cercano.
Utilizó Alfredo, con perdón, la táctica de entrevistar a Mariano –más perdón– al estilo Ana Pastor, es decir, sin concesiones, sin amabilidad, sin un ápice de cariño hacia el entrevistado especialmente si es de un signo político ajeno, descubriendo así una faceta a la que se puede dedicar si le van mal las cosas en política, aparte de la jubilación: a locutor entrevistador de Las mañanas de TVE. Lo siento por “la Pastor”, que en ese caso se quedaría sin trabajo.
En todo caso, creo que el señor Rubalcaba es un magnífico “número dos”.
Por lo demás, qué decir que a estas horas no esté dicho. Este debate no va a cambiar el signo de las encuestas pero sirvió para ver un divertido intercambio de tuits a lo largo de los momentos previos al encuentro y, desde luego, durante y después, en el que nadie cedió posiciones al contrincante, enemigo, adversario o lo que fuese. Desde expresiones como “palizaco” sin más argumentos que el forofismo hasta argumentos más razonados e inteligentes, si es que eso es posible en 140 caracteres, dieron vida a temas de actualidad en forma de hashtag. La conclusión puede ser que las redes triunfaron una vez más al demostrar su enorme capacidad de debate, aunque a veces ese debate tenga tintes grotescos.
Mala suerte morir en campaña electoral. Su muerte, en lejanas tierras, es la última –ojalá sea literal– de un miembro de nuestras Fuerzas Armadas que casi quedó desapercibida entre la maraña de las elecciones.
Ayer, en la recepción de los restos mortales, la máxima representación se redujo a la ministra de Defensa, quien acompañaba el cuerpo desde el país en donde un francotirador acabó con su vida en un combate con los talibán.
En otras ocasiones, la autoridad que recibió los restos mortales fue, casi siempre, más elevada. Esta vez no. Esta vez se quedó en unas pocas autoridades entre las que estaba la presidenta de la Comunidad de Madrid el ministro del Interior, el alcalde de Torrejón y la llamada “cúpula” de Defensa junto a la mujer del fallecido, familiares y compañeros de unidad del sargento primero fallecido.
Se le impuso, nada más llegar, la Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo, lo que me hace pensar que no habrá funeral. Pero estará en las oraciones de muchos de nosotros.
Sargento primero Joaquín Moya Espejo: descanse en paz.
La campaña electoral está dejando grandezas –digo yo que alguna habrá– y bajezas; de estas, muchas. Insultos, acusaciones veladas dichas sin decir y, desde luego, si demostrar; palabras para la lápida o el mármol y un largo etcétera de lindezas que hacen bueno aquello que en su día dijo el entonces, y aún ahora, presidente del Gobierno; algo así como que hay que crear tensión. Una versión también manida de “El fin justifica los medios”.
Pero llega “el Debate”. Así, con mayúsculas. Pero no porque sea importante, que tiempo tienen los candidatos para arreglar desaguisados: aún faltan 13 días para las elecciones. Lo pongo en mayúsculas porque es casi nombre propio. Es el único entre candidatos.
La cuestión es: ¿provocará un vuelvo electoral un posible error del que presuntamente es el que tiene las papeletas para ganar las elecciones? Pero no olvidemos que también puede ocurrir lo contrario: si el que tiene que arriesgar, el que presuntamente va por debajo en las encuestas, mete la pata, los entre 12 y 16 puntos de desventaja, según quien cocine las encuestas puede ahondar o, como mínimo, confirmar la brecha.
Ahora mismo, asomándose a la ventana del ordenador, se pueden leer todo tipo de análisis de imagen. Curiosamente, la mayor parte llena de obviedades: que si sentados a u lado o al otro, que si traje oscuro y corbata azul o roja… Todos esos analistas tienen una buena parte de razón: al final, una parte del voto se irá al que tenga más capacidad de persuasión, y en ello influyen la presencia, la voz, la mirada. Una mirada a la cámara –a los espectadores– en lugar de al adversario es más cautivadora, más convincente, más limpia. Un traje adecuado, la ausencia de rayas en la camisa y ese largo o no tan largo etcétera de circunstancias al margen de la esencia ya están sobradamente comentadas por quienes entienden del asunto o por los que, sin saber ni un gramo, se atreven a hacer conjeturas.![]()
Pero ¿cuál será la esencia? ¿Quién tiene la fórmula más correcta para salir de esta crisis? Hoy se enfrentan austeridad y gasto público para decidir quién gana hoy, no quien lo hace el 20 N. Eso es lo que debiera importarnos esta noche y todas las noches que quedan para acabar esta larga y aburrida campaña electoral con la que nos han castigado.
De todas formas me atrevo a apostar por el ganador: los dos. Ambos tendrán medios que los den por ganadores.
Ah, me atrevo a recomendar el artículo de ABC: Cien minutos en TV para no cometer errores.
Resulta que la campaña electoral ha empezado hoy. ¡Quién lo diría! Entonces, lo que hemos sufrido hasta ahora y desde el mes de julio, ¿qué demonios era? Ah, claro, la precampaña. La diferencia parece estar en que hasta hoy no se podía pedir el voto para una formación concreta. Es decirnos que somos tontos porque no creo que los partidos hayan hecho otra cosa que pedirnos su voto; eso sí, no lo han dicho tan claro.
Por lo demás, nada cambiará, salvo que veremos carteles electorales y todo tipo de objetos publicitarios por todas partes pidiendo que “ejerzamos nuestro derecho al voto” para un partido u otro –cada vez que oigo lo de “la fiesta de la democracia” me da un pasmo, por cursi–.
Se inician unas semanas llenas de eventos, de actos políticos, de recta final de las distintas estrategias electorales en los que los mensajes de cada formación política tratarán de convencernos de sus ideas porque, en el fondo, la indecisión trasladada al interior de las fronteras de un partido puede llevar a cambios espectaculares en el resultado final de las elecciones.
Seremos testigos, pasivos la mayoría de nosotros, de escenarios convenientemente producidos para mostrar lo mejor de cada partido y de cada candidato. Siglas, colores, símbolos, eslóganes… todo diseñado para gustar, para atraer, para triunfar.
Y se dispararán, aún con más furor, las guerras de encuestas, las cifras en uno y otro sentido. El cierre de espacios en los porcentajes o, al contrario, el aumento de esa separación que, a día de hoy, dan propios y extraños entre los partidos mayoritarios.
Y las redes sociales echarán chispas, más o menos acertadas, entre los partidos que, todo, todo, desconocen las buenas formas, el uso adecuado de las redes sociales para generar reputación.
La solución a la ecuación política que se nos plantea llegará en un par de semanas. Después, todos a trabajar y, a lo que me temo, a sufrir en nuestros bolsillos. Nos esperan años muy duros. ¡Que Dios –con perdón– reparta suerte"!
Organizadas por la APEP, con la dirección de Isabel Amaral, este es el plantel de ponentes y “tertulianos” (dicho sin ánimo de ofender, sino más bien al contrario). Estando Isabel de por medio, será un éxito seguro.
Según el DRAE:
ojalá.
(Del ár. hisp. law šá lláh, si Dios quiere).
1. interj. Denota vivo deseo de que suceda algo.
Ayer se presentó una plataforma de apoyo a uno de los candidatos, que hereda así la tendencia de aquellos que en época del actual presidente del Gobierno conocieron como “los de la ceja”. Se llama de esa forma. “Ojalá”. No he visto en ella caras demasiado conocidas –en parte por mi desconocimiento de este tipo de presuntos artistas, que confieso con pesar–.
Confieso que el nombre me parece inoportuno. El marketing político tiene que transmitir emociones, sensaciones, sentimientos. Esta expresión los transmite, pero son ciertamente confusos. Si te fijas, una buena parte de las veces que decimos a algo “ojalá” lo hacemos con escepticismo, como si supiésemos que lo esperado tiene pocos visos de hacerse realidad: ¡Ojalá me toque la lotería!, ¡ojalá el Atleti ganara la liga! (con perdón), ¡ojalá tuviera 20 años! (quedaron atrás hace treinta)…
Resulta para mi una expresión que transmite la emoción negativa de algo que deseamos fervientemente pero que es muy poco probable que suceda. Tal vez en este caso, si hacemos caso a las encuestas, esté transmitiendo una realidad palpable, pero no debería ser así si se cumple el refrán de que “mientras hay vida hay esperanza”, o el más gráfico de “hasta el rabo todo es toro”.
Para abundar en desgracias, la plataforma fue presentada por la periodista Rosa María Mateo, con un pésimo discurso que se iniciaba con la confesión de que había estado a punto de traer unos pañuelos, en vista de “que la situación no es muy buena y no solo por las encuestas”, y en el que acabó haciendo referencias al “atractivo” de Rubalcaba (señor Rubalcaba). En sus palabras: “Las chicas siempre me dicen que es estupendo. No es que sea George Clooney, pero nos cae muy bien a todas”. La pobre señora Mateo acabó tratando de inyectar optimismo explicando que, al final, había decidido que a este tipo de actos “se viene llorada”, y que era preferible el “ojalá” de la esperanza a la derrota prematura. No hay por dónde cogerlo. ¿Se estaba poniendo la venda antes de tener la herida, o ya intuye la incisión en sus carnes?
En referencia al nombre de la plataforma, no soy publicista, pero es posible que uno bueno hubiese tenido varias decenas de buenas ideas para nominar a los apoyos del candidato Rubalcaba (señor Rubalcaba, para que no se me enfade). Y, desde luego, en lo que respecta a la presentadora hasta yo le habría aconsejado emplear otro discurso introductorio más “apasionado”.
Aún peor: el propio candidato no estaba en la presentación de “su” plataforma ciudadana (sea esto lo que sea). ¿Quién puso la fecha?
Los asesores de campaña siguen sin ganarse el sueldo. A este paso los acabarán despidiendo.
Hablaba hace unos días de la falta de respeto a las instituciones cuando un ayuntamiento gobernado por Bildu colgaba una fotocopia de una fotografía del Rey en el salón de plenos. Con ser malo, no es lo peor. Algo peor ocurrió el pasado jueves cuando un grupo de “pacifistas” –entiéndase las comillas como forma de expresar ironía– agredió a tartazos a la presidenta del gobierno formal de Navarra.
Amigos de los anteriores decidieron que la mejor forma de expresar una discrepancia es agredir a la representante de la voluntad popular en la mencionada comunidad autónoma. Son esa gente moderna, avanzada, a quienes para seguir en su avance y progreso quisieran que su terruño regresara a la Edad Media y la forma de decirlo es empuñando unas extrañas armas en forma de tarta. No terminan de resignarse a que la mayoría manda y pretenden subvertir los términos.
Agredieron, con esa acción, al pueblo de Navarra porque así lo hicieron con la autoridad que representa a todos los navarros. En esa representación estaba la señora Barcina durante la sesión plenaria de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos (CTP), en Toulouse, Francia, en donde como presidenta del gobierno de Navarra iba a ostentar, y lo hace, la presidencia de ese organismo.
Los detenidos, dos navarros y un guipuzcoano, pertenecen al movimiento de oposición al Tren de Alta Velocidad, conocido tal movimiento como Mugitu, vinculado también con otro grupo que rechaza la obra, AHT Gelditu. No sabemos si lo hacen porque es un AVE (Alta Velocidad Española) o porque estiman que cuando más comunicada esté la gente con el exterior más rechazan lo que ellos preconizan.
En cualquier caso, la falta de respeto comentada en mi entrada anterior o la agresión señalada en esta son un conjunto de acciones que llevan a meditar si vivimos en el siglo XXI o estamos en plena Edad de Piedra.
Dicen los señores estos –perdón por el calificativo– que fue un acto “cómico y reivindicativo” y reconocen: "El objetivo de esta forma de acción no pretende ocasionar daños físicos a la persona, sino dañar la imagen de la autoridad o mandatario en cuestión". Es decir, les importa un bledo la representación de ese mandatario, según sus palabras. Lo que les importa es ridiculizarlo; dañar su imagen.
Algún asesor de imagen debería decirles que la única imagen que daña es la suya propia, si es que les queda imagen por dañar.
Me recuerda el caso, salvando las muchas distancias, un día en que quien esto escribe estaba trabajando en un pueblo de Cataluña, no recuerdo la provincia porque debía ser el año 2005. Se trasladaba allí el ministro de Defensa de entonces porque con motivo de una celebración relacionada con el ferrocarril, el Ejército de Tierra había prestado un tren de época que realizaría un recorrido por las vías de ese tren.
Yo iba de uniforme. Cuando me bajé del coche que me había puesto la Delegación del Gobierno para llegar de avanzada al acto, un grupo de personas “afables” y “comedidas” –recuerdo el significado inicial de las comillas– me recibió tirándome huevos y llamándome fascista y asesino. Seguramente me debían conocer de toda la vida. Ya sabemos que esos dos epítetos, fascista y asesino, dan mucho juego y sirven para todo.
Los huevos no me dieron nada más que en el zapato y la policía autonómica me ayudó en lo posible porque, desde luego, me negué a esconderme. Esa no fue una agresión a ninguna autoridad, tan solo a un militar de uniforme prestando sus servicios. Pero el significado es muy similar: como no puedo callarte por las buenas, lo intento por las malas.
La libertad de expresión sin límites a veces causa abusos por quienes se creen en el derecho de ser”muy sinceros” y llamar a las cosas por su nombre, sin darse cuenta de lo mal que les sienta que hagan eso mismo con ellos. Y es que el exceso de sinceridad es, a menudo, causa de excesos verbales o de acciones que pueden rayar en la falta de respeto.
Cuando los excesos de cinismo los cometen las instituciones, la cosa se complica. Ayer era leía la noticia de que Bildu coloca una fotocopia de la imagen del Rey en lugar del cuadro y me llamaba la atención que estos señores –de alguna forma hay que llamarlos– sean tan burdos en su acción de gobierno. Más me llamaba la atención –aclaro: eufemismo de indignarme, esa palabra tan de moda que cada vez me gusta menos– su explicación; transcribo el párrafo extraído de Periodista Digital:
"No había manera de encontrar el retrato del Rey, no sabíamos donde lo había puesto", ha subrayado."Cuando UPN nos hizo ver que era una cuestión legal, rápidamente buscamos la manera de solventar esta carencia y lo que hicimos fue sacar de internet una imagen del Rey e imprimirla", ha relatado el alcalde, quien ha asegurado que no les quedó "otro remedio", ya que lo que querían era "llevar a adelante" los plenos, uno ordinario y otro extraordinario, que tenían convocados.
Con la razón que aportan no sólo faltan al respeto al jefe del Estado sino que incluyen en esa falta a nuestra inteligencia. También es cierto que eso, y cosas más graves, llevan haciéndolo a lo largo de su trágica historia, así que esta es una cuestión menor si se toma aislada. Sin embargo, no lo es tanto si se analiza en el conjunto de las actuaciones de semejantes personajes.
Me he levantado pronto y he puesto la televisión a ver si el aburrimiento me vencía. Craso error. En Telemadrid, durante la reposición de El diario de la noche, anunciaban una entrevista con el autor del libro Neuromarketing político, Francisco Misiego. Como el tema me interesa, se acabó el sueño.
Preguntaba la presentadora a Misiego sobre los vídeos de precampaña de los dos partidos mayoritarios en España y, en mi opinión, hacía el autor del libro un gran análisis. Incidía en un asunto en el que yo hice un gran hincapié el pasado sábado en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil: los candidatos, los electores, en gran medida, votan por emociones. Muy especialmente ese enorme grupo de indecisos que, incluso, mantienen su indecisión hasta casi el momento de insertar el voto en el sobre. Por eso los candidatos y los partidos tienen que saber canalizar esas emociones.
Tenemos en la campaña –hoy ha salido un nuevo vídeo de uno de los dos grandes partidos– dos modelos: el de un partido que invita a tener miedo a las consecuencias de votar al otro, y el de este otro que pide realizar un cambio en lo hecho hasta ahora y afrontar la crisis de otra manera.
Dos modelos en los que se reflejan las distintas posiciones de partida en la precampaña, según las encuestas. Por tanto, uno de ellos tratando de consolidar una amplia mayoría y el otro tratando de evitar un derrame de votos.
Falta, en mi opinión, un tercero; uno que mire de frente a los que somos espectadores atónitos de esta crisis y nos diga que habrá que hacer un enorme esfuerzo porque nuestros hijos y nietos crezcan en una España próspera y con una Europa que no sea sólo el museo del mundo, sino que esté a la cabeza. Un vídeo que nos transmita lo que todos sabemos y que no es otra cosa que hay que hacer un enorme esfuerzo y un sacrificio inmenso para volver, si es que es posible, al lugar en donde estábamos hace cuatro años.
Tal vez, ese vídeo triunfaría.


