Fuente: Atenea Digital.
Publica esta revista especializada en seguridad y defensa lo siguiente:
En la mañana del viernes 27, el pequeño grupo de guardias civiles, cinco nada más, destacado en Mazar e Sharif (Norte de Afganistán) pidieron permiso al jefe de la base para sustituir la bandera de los Estados Unidos, que habitualmente ondea en la base, por la española a media hasta en señal de duelo por el capitán Galera Córdoba y el alférez Bravo Picallo. Un poco extrañado por ser la primera vez que ocurría, el oficial al mando accedió al cambio de bandera.
Al anochecer, los cinco guardias iban a formar frente al mástil para arriar la bandera y recordar, con una oración, a los compañeros muertos. De pronto, de forma voluntaria se unió a los guardias españoles, el contingente francés al completo (a la izquierda, en la foto), tras ellos los US Marines (al fondo a la derecha), los polacos y los holandeses. Incluso el personal civil de la instalación.
No hubo corneta, ni himnos, no hubo orden previa, ni ensayos. Solo unas palabras sentidas, a duras penas pronunciadas seguidas de un silencio desgarrador mientras se arriaba la bandera de España "va por vosotros! ¡Viva España, Viva la Guardia Civil!".
Un acto salido del corazón; una ceremonia espontánea, sin preparativos ni ensayos; un acto de sentimiento, de pasión, de rabia, de impotencia. Un acto entre compañeros, sin distinción de uniformes ni banderas: todos bajo el mismo sol, o la misma luna, y con una misma misión.
Por ellos, por todos los que cayeron por un España, o por su país sea cual sea, y por un mundo mejor.
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Ahí está España; desde la cumbre de Sierra Nevada, desde el Mulhacén, el Veleta o la Alcazaba, podemos contemplarla por encima del tiempo y de la distancia… Y amarla.
