A uno le encanta levantarse por la mañana y saber de primera mano si los conductores de Metro o los controladores aéreos van a sufrir esa mañana una epidemia de estrés que les haga ausentarse del trabajo. Y quien dice estos, dice cualquier otro. Estoy convencido de que es cierto, de que su trabajo les causas unos traumas psíquicos tremendos que sus sueldos, nada cortos, no les compensan. Pero coño (o como se diga eso), siempre pasa en las mismas fechas. Yo creo que si están tan mal psíquicamente lo que deberían hacer es solicitar bajas médicas de más de cinco días, y no de esas que no requieren revisión, ¿no? Dicho ello por la información que sale en los medios de comunicación, claro. Porque si no, uno tiende a pensar, de forma malvada, que lo que ocurre (y seguro que no es así), es que no quieren declarar una huelga o, si la declaran, no quieren cumplir los servicios mínimos. No es que sea malpensado, no, de verdad, es que es humano ponerse en lo peor.
Por supuesto, todos ellos tienen trabajos horrorosos; si por ellos fuera, preferirían estar en el paro y cambiar el puesto por alguno de los más de cuatro millones de parados que no tienen lugar a donde ir a ejercer su derecho al trabajo.
Y uno, mientras tanto, trabajando una jartá de horas diarias, sin saber si alguna de estas enfermedades de estos humildes trabajadores le impedirá llegar al destino inicial de sus vacaciones y si perderá o no el importe satisfecho por ellas. Pero bien está si es por la salud psíquica de todos ellos. ¡Qué mas da! Lo importante es lo importante.
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Ahí está España; desde la cumbre de Sierra Nevada, desde el Mulhacén, el Veleta o la Alcazaba, podemos contemplarla por encima del tiempo y de la distancia… Y amarla.
