Hay mucho “jimmy jump” por el mundo. Mucho estúpido que hace del trabajo de los demás una forma de conseguir su propia fama; fama de cualquier cosa menos de lo que una persona con dos dedos de frente esperaría obtener.
Después de fastidiar el Festival de Eurovisión, como otros espectáculos antes, trató de hacerse famoso una vez más saltando al campo de fútbol en el que se celebraba la final de la Copa del Mundo. Y el realizador de TV actuó de forma extraordinaria: ignoró al tontolín y no le dio ni una décima de segundo de protagonismo. Ignorar a los idiotas es una magnífica forma de evitar que sigan haciendo de las suyas.
De ese realizador deberían aprender otros: no todo lo que sucede, por morboso que pueda ser, es noticia. Las hay que más que noticia son motivo suficiente para ignorarlas y ni siquiera mencionarlas. Es la única forma de que los “jummy jump” dejen de existir.
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Ahí está España; desde la cumbre de Sierra Nevada, desde el Mulhacén, el Veleta o la Alcazaba, podemos contemplarla por encima del tiempo y de la distancia… Y amarla.
