Muchos estuvieron allí. Fueron horas y horas de alegría y de celebración. Pocas veces en un evento lo menos importante ha sido la puntualidad. A las personas congregadas entorno a la caravana, y a los que estábamos trabajando en casa y con el ojo puesto en la televisión, nos importó poco o nada el tiempo. Lo importante era conservar en nuestra memoria este momento tan importante de nuestras vidas. Por lo que significa en todos los sentidos: por el campeonato, por el espíritu de unidad, por el resurgir el espíritu de lo español, que se estaba devaluando en una de las naciones más antiguas del mundo (según la Historia, no según las historias).
En definitiva, deba igual el tiempo, lo importante eran otras muchas cosas que quedaron plasmadas en directo o en la tele para las retinas de todos nosotros.
Y es que por una vez, la fiesta nacional no fueron los toros.
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Ahí está España; desde la cumbre de Sierra Nevada, desde el Mulhacén, el Veleta o la Alcazaba, podemos contemplarla por encima del tiempo y de la distancia… Y amarla.
