La Organización Juvenil Española cumple medio siglo; algunos nacimos casi con ella. Este aniversario ha hecho que renazcan sentimientos en muchos de los que teníamos esa época de nuestra vida un tanto olvidada. Cincuenta años marchando, cantando, sirviendo.
Para conmemorar el cumpleaños, la Organización ha dedicado tiempo y esfuerzo a una serie de actividades –ahora lo llamaríamos eventos- casi todas ya pasadas: ciclos de conferencias, comidas de hermandad y un variado etcétera de momentos para el recuerdo. Yo, personalmente, no he participado en ellas, pero me han ido informando de todas y cada uno a través de la lista de mensajes y lo he agradecido muchísimo. Me ha hecho revivir mi adolescencia y mi juventud, y momentos incomparables que viví en la OJE. Como dice una de las canciones, “Allí encontré amigos que fueron de verdad, los que por mil caminos cantamos sin cesar”.
Muchas de las cosas que he hecho después han sido reflejo de lo que aprendí y me enseñaron personas a las que recuerdo con un enorme cariño. Por eso, como “homenaje al recuerdo” (Daniel Pato Movilla), me acuerdo de esa frase que estaba en una aspillera de Iturbe, a la entrada del hogar (el que lo conozca sabrá a lo que me refiero):
“No hay final, nuestra misión es como rueda de carro que vuelve siempre sobre sí misma, porque la Juventud ni se para ni se acaba jamás, pero queda siempre en los hombres que lucharon por ella un poso: la paz del alma limpia y la grandeza del servicio comprometido.”
¡Felicidades cincuentona!
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Ahí está España; desde la cumbre de Sierra Nevada, desde el Mulhacén, el Veleta o la Alcazaba, podemos contemplarla por encima del tiempo y de la distancia… Y amarla.
