Esa parece ser la tónica de los comunicadores en la actualidad. De partida, eres culpable de todos los cargos. Luego deberás demostrar tu inocencia.
Hace unos días, ABC, diario que leo, nos impactaba con esta escalofriante portada: “La mirada del asesino de una niña de tres años”. Ese hombre ya es culpable de asesinato. Pero no, resulta que no es así, que el juez lo ha puesto en libertad sin cargos tras demostrarse que no lo es. Pero el mundo lo ha juzgado y condenado.
Carlos Herrera nos despertaba (soy oyente de este gran comunicador) con su comentario editorial diario poniendo a caer de un burro al muchacho de la foto. A todo ser humano racional y normal le resulta horrible cualquier muerte; más la de un niño. Y más aún si es maltratado. Por tanto, las posibles reacciones son entendibles en el común de los mortales. Pero los comunicadores profesionales deben medir sus fuerzas para no causar daños irreparables.
No es éste un caso único. La clase política se ha visto sacudida por rumores, filtraciones y un largo etcétera de feos asuntos que se van diluyendo conforme pasa el tiempo y que, al final quedan en la nada, pero a ojos vista de los votantes la culpabilidad queda asegurada.
Y es que el fin no justifica los medios. Este ha sido el caso en general, no sólo de los medios que aquí comento. Como rectificar es de sabios, deberían de hacerlo de forma inmediata y aprender la lección, para que no se cumpla ese dicho que ya he comentado algunas veces y que me enseñaron mis profesores en la Facultad de Periodismo de la UCM: No dejes que la verdad te estropee una buena noticia.
Apañados vamos si no nos damos cuenta de que la comunicación no puede seguir ese rumbo.
Los comentarios están cerrados.
Ahí está España; desde la cumbre de Sierra Nevada, desde el Mulhacén, el Veleta o la Alcazaba, podemos contemplarla por encima del tiempo y de la distancia… Y amarla.
