Me refiero al de precedencias, claro. Apunta un lector en un comentario más abajo que “En mi opinión es urgente una reforma consensuada del RD 2099/83 para acabar de una vez con «las interpretaciones», que somos profesionales del protocolo, no jueces. Totalmente de acuerdo también con los apuntes sobre lo fácil que es trabajar cuando las personas son educadas.”
Efectivamente, todos quisiéramos una actualización del RD 2099/83 (para los no españoles, el que define las precedencias oficiales en España”; el problema es que nadie quiere poner el cascabel al gato. Si a principios de los 80 del pasado siglo fue difícil llegar a un consenso, podemos imaginarnos hoy, en pleno apogeo de las peculiaridades de cada comunidad autónoma. Sin embargo, creo que en el fondo tiene algo de arte hacer precedencias protocolarias con un sistema imperfecto como el nuestro (y los hay peores ahí fuera, creedme). Si las precedencias fueran sencillas, un ordenador podría hacerlas perfectamente. De este modo, seguimos siendo necesarios para hacerlas.
Que se me entienda bien, no pretendo decir que un ordenador pueda hacer nuestro trabajo, ni mucho menos. Protocolo y Arte tienen algo de sinónimos; sobre todo ese protocolo moderno, creativo, que nos permite organizar eventos de forma absolutamente moderna, como herramientas de transmisión de mensajes que son nuestros actos y, por lo tanto nuestra profesión.
Pero estoy convencido de que la modernización del RD 2099/83 aún tardará en llegar.
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Ahí está España; desde la cumbre de Sierra Nevada, desde el Mulhacén, el Veleta o la Alcazaba, podemos contemplarla por encima del tiempo y de la distancia… Y amarla.
