Una de apuntes es la columna que escribo en cada número de la Revista Internacional de Protocolo. Esta corresponde al número 48, publicada a finales del pasado año.

Acabo de regresar del Congreso Internacional de Protocolo de Brasil. Ha sido una gran oportunidad de compartir momentos con compañeros de profesión de muchos y muy diversos países. También ha sido momento para escuchar ponencias, algunas de ellas muy interesantes.

Escuché en una de ellas una frase que me llamó poderosamente la atención: “Mi trabajo es que mi presidente no tenga una cámara de TV pegada a la oreja en un acto.” Estaba la ponente suscitando la eterna discusión sobre los medios de comunicación y el ceremonial. El debate es la determinación del público objetivo de un evento: los invitados o los medios.

Parece éste un problema endémico. ¿Hasta qué punto es de recibo que una barrera de medios de comunicación impida a los invitados a un acto ver el desarrollo de una firma, o las palabras de un ponente? ¿Cuáles son los actos en los que el objetivo es la prensa, y cuáles son aquellos cuyo público es el invitado? ¿Es cierto que un acto que no salga en los medios no ha existido? ¿Es factible simplificar la posición del anfitrión en aras de obtener una foto de mejor calidad?

Son preguntas difíciles de responder y cuya respuesta es la clave. Sin embargo, Protocolo y Comunicación son patas de la misma mesa; y esa mesa sustenta la imagen de la corporación y de los altos cargos de dicha corporación. Son, por tanto, aspectos complementarios condenados a entenderse. Los responsables de ambos departamentos deben tener la suficiente flexibilidad como para conseguir que la prensa haga su trabajo y los invitados no se sientan ofendidos por haber colocado una barrera entre ellos y la ceremonia.

Si no lo hacemos así, estaremos haciendo un flaco favor a la institución para la que trabajamos.

Etiquetado como:
 

Los comentarios están cerrados.