El protocolo, cada día más, se ha convertido en un actor esencial en la vida diaria. Interviene en los actos de primera magnitud en el plano mundial: asambleas internacionales, cumbres intercontinentales, olimpiadas, reuniones bilaterales, visitas de estado, aperturas de legislaturas, sesiones plenarias de NNUU, y un largo etcétera de todos conocido.
Ello pone en alza nuestro trabajo pero también implica una mayor responsabilidad, si cabe, en los pasos que damos para conseguir nuestros fines. Un error de protocolo no sólo implica una falta en la plástica; también puede acabar convirtiéndose en un conflicto entre partes.
Esa es nuestra responsabilidad; ese es nuestro compromiso.
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Ahí está España; desde la cumbre de Sierra Nevada, desde el Mulhacén, el Veleta o la Alcazaba, podemos contemplarla por encima del tiempo y de la distancia… Y amarla.
